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Un gobierno a la altura de Aguascalientes

por Mundo Ejecutivo
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Por Nora Ruvalcaba Gámez

México atraviesa una etapa de transformación profunda. Lo que comenzó en 2018 con un nuevo enfoque de desarrollo basado en la justicia social y el bienestar de las mayorías hoy encuentra continuidad en la construcción del segundo piso de la Cuarta Transformación que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

A nivel nacional, el debate ya no gira únicamente en torno al cambio, sino sobre cómo consolidarlo para generar prosperidad compartida, fortalecer instituciones y ampliar oportunidades para todas y todos.

En ese contexto, vale la pena preguntarnos cuál debe ser el papel de Aguascalientes.

Nuestro estado posee fortalezas que nadie puede poner en duda. Cuenta con una ubicación estratégica, una sólida vocación industrial, instituciones educativas reconocidas, una cultura de trabajo ejemplar y una ciudadanía comprometida con el desarrollo.

Pocas regiones del país reúnen tantas condiciones para competir en una economía cada vez más dinámica y exigente.

Sin embargo, las ventajas por sí solas no garantizan el futuro.

Los estados que logran avanzar son aquellos que entienden que el desarrollo no ocurre por inercia. Requiere planeación, visión estratégica y gobiernos capaces de anticiparse a los desafíos que vienen.

Y justamente ahí se encuentra uno de los grandes pendientes de Aguascalientes.

Durante los últimos años, mientras otras regiones comenzaron a prepararse para fenómenos como la relocalización de inversiones, la transición energética o la revolución tecnológica, aquí se privilegió con demasiada frecuencia la administración de la coyuntura sobre la construcción de soluciones de largo plazo.

Los retos están a la vista.

El acceso al agua, la movilidad urbana, la infraestructura estratégica, la seguridad, la atención a la salud, la protección del medio ambiente y la diversificación económica exigen decisiones que no pueden seguir postergándose.

Son temas que demandan liderazgo, capacidad técnica y una visión que vaya más allá de los ciclos electorales.

Porque gobernar no consiste únicamente en administrar el presente.

Gobernar implica preparar el futuro.

Significa construir condiciones para que las próximas generaciones encuentren más oportunidades que las que tenemos hoy.

Por eso, el verdadero debate en Aguascalientes no debería centrarse en las fortalezas de nuestro estado, que son muchas y evidentes, sino en la capacidad de nuestras instituciones públicas para acompañar el ritmo de desarrollo que la sociedad exige.

Cuando una comunidad avanza más rápido que sus gobiernos, tarde o temprano aparecen límites que frenan su crecimiento.

Y Aguascalientes merece romper esos límites.

Nuestra historia demuestra que sabemos hacerlo.

Fuimos una pieza fundamental del Camino Real Tierra Adentro. Más tarde nos convertimos en referente ferroviario y textil. Hoy somos un actor relevante de la industria automotriz y manufacturera del país.

Cada etapa de nuestra historia ha estado marcada por la capacidad de adaptación y transformación de nuestra gente.

Esa nunca ha sido la duda.

La pregunta es si los gobiernos están siendo capaces de acompañar esa evolución con la misma velocidad y visión.

México está entrando en una nueva etapa de desarrollo.

Aguascalientes tiene todo para ser protagonista de ella.

Lo que hace falta es una conducción pública que esté a la altura de ese desafío.

Porque el siguiente paso de Aguascalientes no depende de su potencial.

Depende de la visión con la que decidamos gobernarlo.

@Nora_Ruvalcaba

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