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El péndulo latinoamericano

por El Consejero
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El péndulo latinoamericano

Con la toma de posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia, América Latina reafirma un cambio político que hace algunos años parecía muy poco probable. El país que en 2022 llevó a la izquierda por primera vez al poder ahora inicia una etapa encabezada por un gobierno de derecha.

Más que una alternancia propia de cualquier democracia, el resultado confirma que el mapa político de la región vuelve a modificarse.

Hasta no hace mucho el escenario era muy distinto. Las victorias de gobiernos considerados progresistas en México, Argentina, Bolivia, Chile, Honduras, Colombia y el regreso de Luiz Inácio “Lula” da Silva en Brasil, llevaron a muchos analistas a hablar del resurgimiento de la llamada “marea rosa”.

Parecía que la izquierda recuperaba el liderazgo regional después del desgaste que habían sufrido distintos gobiernos conservadores. Sin embargo, la velocidad con la que ha cambiado el panorama demuestra que las sociedades latinoamericanas son mucho menos fieles a las ideologías de lo que suelen creer los partidos políticos.

No es que haya un resurgimiento súbito de las ideas conservadoras. Lo que se observa, en buena parte del continente, es un creciente desencanto con gobiernos que llegaron prometiendo transformaciones profundas y terminaron enfrentando los mismos problemas de toda la vida.

La inseguridad continúa siendo la mayor de las preocupaciones ciudadanas; el crecimiento económico no da para mejorar el ingreso de millones de familias; la inflación redujo el poder adquisitivo y la corrupción sigue erosionando la confianza en las instituciones.

Cuando las promesas no se reflejan en resultados tangibles, los electores no perdonan y buscan una alternativa, aunque esta represente un proyecto ideológico completamente diferente.

Colombia ilustra bien este fenómeno. El gobierno de Gustavo Petro abrió debates relevantes sobre la desigualdad, la transición energética y las reformas sociales, pero también dejó un país profundamente polarizado y con una percepción creciente de frustración entre amplios sectores de la población.

La llegada de De la Espriella representa, para muchos colombianos, la esperanza de un cambio de rumbo; para otros, un regreso a políticas que consideraban ya superadas. En cualquier caso, el mensaje de las urnas es claro: el electorado decidió probar una opción diferente.

El mismo patrón se observa en otros países. Argentina apostó por un cambio radical; Ecuador optó por un giro hacia posiciones más conservadoras; Paraguay mantuvo una orientación de centroderecha. Cada elección responde a sus propias circunstancias locales, pero todas comparten un elemento común: los ciudadanos parecen votar menos por convicción ideológica que por la expectativa de obtener mejores resultados.

Ese comportamiento convierte a América Latina en una de las regiones políticamente más volátiles del mundo. Los ciclos de entusiasmo duran menos porque las expectativas son cada vez más altas y la paciencia ciudadana se agota más pronto. Las redes sociales, la inmediatez de la información y la presión económica reducen el margen de maniobra de cualquier gobierno. Hoy los ciudadanos esperan soluciones rápidas para problemas que llevan décadas acumulándose.

Este comportamiento también explica por qué las elecciones en la región se han vuelto mucho más competidas e impredecibles: los márgenes de victoria se estrechan, los partidos tradicionales pierden fuerza y los liderazgos personales adquieren un peso creciente. En un escenario en donde pocos votantes mantienen lealtades permanentes, convencer a los indecisos vale más que movilizar a las bases.

Tal vez el cambio más profundo no sea el color de los gobiernos, sino el de los electores. América Latina parece estar entrando en una etapa de sociedades menos ideologizadas y más pragmáticas.

Los ciudadanos ya no premian discursos; premian resultados. Y cuando estos no llegan, cambian de gobierno sin importar si el relevo viene de la izquierda, del centro o de la derecha. El verdadero péndulo ya no está en las ideologías, sino en la confianza de los ciudadanos.

Aguacates… y algo más

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) suspendió las actividades de sus inspectores que operan en Michoacán para revisar y certificar la calidad de los productos agrícolas y así agilizar trámites y tiempos de aduanas. La medida impacta directamente a la principal exportación del estado: el aguacate.

Es la tercera vez que la dependencia estadounidense toma esta medida, todas por cuestiones de seguridad: en febrero de 2022, un inspector recibió una amenaza telefónica; en junio de 2024, dos de sus empleados fueron agredidos y retenidos en una carretera; y esta última, argumentándose la violencia y bloqueos recientes, a raíz de la captura de Alfonso Fernández Magallón, “Poncho Quiringua”, jefe del Cártel de Los Reyes, que forma parte de los Cárteles Unidos (CU). A ello se suma que, previamente, fue detenido Ramón Ángel Álvarez, el “R1”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), identificado como autor intelectual del asesinato de Carlos Manzo, munícipe de Uruapan, considerada la capital mundial del aguacate.

Ambas capturas inciden en la seguridad de la región aguacatera: por una parte, el Cártel de Los Reyes introdujo exmilitares colombianos, minas y drones en su enfrentamiento con el CJNG y las autoridades federales y locales, particularmente el Ejército. En el caso del CJNG, aliados con los Viagras, han disputado el control de la región a los Cárteles Unidos.

Sin duda, el repunte de la violencia es un argumento consistente y fundado para suspender operaciones temporalmente las inspecciones fitosanitarias. Sin embargo, hay todo un contexto de presiones en el comercio bilateral agrícola que hace pensar en que la coyuntura encajó perfecto para sumarse.

En el caso del aguacate, los productores estadounidenses han acusado sobreoferta y el control del narcotráfico sobre la producción michoacana. En otro frente, están los señalamientos de que los casos de diarrea explosiva en Estados Unidos se debe a presencia de ciclosporiasis en lechuga importada de México, y de salmonela en chiles jalapeños también provenientes de nuestro país, a lo que se suman los cabildeos de otros productores agrícolas del país vecino para medidas proteccionistas, algo habitual en el sector pero que ha encontrado campo fértil con la administración Trump.

De ahí que, como en anteriores ocasiones, aunque se atienda el tema de seguridad y se despliegue, la suspensión se mantenga por un periodo más prolongado, con más afán de favorecer a los aguacateros estadonidenses, y como parte de la agenda de la revisión de este año del T-MEC y hasta como agenda electoral.

El primer empleo: cuando el potencial pesa más que la experiencia

Conseguir el primer empleo representa uno de los mayores desafíos para los jóvenes, especialmente cuando una vacante parece exigir aquello que todavía no han tenido oportunidad de construir: experiencia. Sin embargo, comenzar la trayectoria profesional no significa llegar a una entrevista con las manos vacías, porque la formación académica, los proyectos escolares, la capacidad para resolver problemas, la iniciativa y la disposición para aprender también son activos que pueden marcar la diferencia frente a un reclutador.

Datos de Computrabajo, el sitio de empleo líder en Latinoamérica, muestran que el acceso al mercado laboral para los jóvenes requiere poner en valor habilidades que van más allá de la experiencia previa. Por ello, durante una entrevista para una posición de practicante o becario, las empresas no necesariamente buscan una trayectoria extensa, sino señales de potencial, curiosidad, capacidad de aprendizaje y adaptación.

Una entrevista para el primer empleo también es una oportunidad para transformar las experiencias académicas en evidencia de las propias capacidades. Participar en un proyecto universitario, resolver un problema en equipo, liderar una actividad o aprender a utilizar una nueva herramienta son situaciones que permiten demostrar competencias. La clave está en no limitarse a describir qué se hizo, sino explicar cuál fue el reto, qué decisiones se tomaron y qué resultados se obtuvieron.

Pero prepararse para una entrevista implica también demostrar que existe un interés genuino por la organización. Conocer su actividad, productos o servicios, valores y cultura permite responder con mayor seguridad a preguntas como “¿por qué quieres trabajar aquí?” y, al mismo tiempo, ayuda al candidato a determinar si esa empresa realmente coincide con sus expectativas. De igual manera, llegar con preguntas sobre las responsabilidades del puesto, las oportunidades de aprendizaje o la dinámica del equipo proyecta iniciativa y convierte la entrevista en una conversación de doble vía.

El primer empleo no debería entenderse únicamente como la puerta de entrada al mercado laboral, sino como el comienzo de una trayectoria en la que el aprendizaje será constante. Para los jóvenes, el reto consiste en reconocer y comunicar el valor de aquello que ya saben hacer; para las empresas, identificar el potencial detrás de un currículum que todavía está por construirse.

En un entorno donde las habilidades y la capacidad de adaptación adquieren cada vez mayor relevancia, quizá la pregunta más importante no sea cuánta experiencia tiene un candidato, sino qué puede llegar a aportar y cuánto está dispuesto a aprender.

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