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El futuro sin Trump en la boleta

por El Consejero
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El futuro sin Trump en la boleta

Más allá del resultado, las elecciones de medio término en Estados Unidos nos mostrarán dos partidos que buscan redefinir su identidad con vistas a un futuro cada vez más inmediato. La jornada del martes, con elecciones en Florida, Alaska y Wyoming, dejó resultados que difícilmente se alcanzan a entender a primera vista.

En Florida, Byron Donalds, candidato respaldado por Donald Trump, ganó la nominación republicana para gobernador y se enfrentará en noviembre al demócrata David Jolly, un antiguo republicano que ahora compite desde el centro. En el Senado, en cambio, los demócratas sorprendieron con Angie Nixon, una aspirante progresista que derrotó a Alex Vindman, la opción más cercana al establishment.

Trump sigue siendo extraordinariamente influyente, pero sus candidatos no son invencibles. Florida parecía el escenario perfecto para confirmar la hegemonía del trumpismo: Donalds ganó una primaria republicana con múltiples candidatos y se convirtió en el favorito para suceder a Ron DeSantis.

Pero en Wyoming, uno de los estados más conservadores del país, Megan Degenfelder, respaldada por Trump, perdió la nominación republicana para gobernadora frente al senador estatal Eric Barlow. Es una señal pequeña en términos electorales, pero grande en términos políticos: incluso en territorio profundamente trumpista, el respaldo del presidente no sustituye completamente las preferencias de los votantes.

Y la historia no comenzó en Florida. La semana pasada, en Minnesota, el candidato republicano Mike Lindell, apoyado por Trump, perdió la nominación para gobernador frente a Lisa Demuth. En Wisconsin, mientras tanto, los demócratas rechazaron la opción más progresista: David Crowley derrotó por un margen muy estrecho a la socialista democrática Francesca Hong en la contienda por la gubernatura. El resultado fue particularmente revelador porque ocurrió en un estado donde el debate sobre el rumbo del Partido Demócrata es intenso.

Lo que aparece, curiosamente, no es una ola republicana ni una reacción demócrata perfectamente organizada. Es algo más difícil de interpretar para ambos partidos: las bases están escogiendo candidatos impredecibles según el estado y la contienda. Los republicanos siguen girando alrededor de Trump, pero hay límites a su capacidad para transferir su popularidad a cada candidato.

Los demócratas, por su parte, tampoco han encontrado una fórmula única: pueden apostar por un moderado como Jolly en Florida y, al mismo tiempo, por una candidata como Nixon para el Senado. En otras palabras, ninguno de los dos partidos parece tener todavía una respuesta definitiva a la pregunta que dominará noviembre: ¿qué quiere realmente el electorado estadounidense después de Trump?

Por eso Florida resulta tan importante. Donalds representa la consolidación del trumpismo en un estado que durante años fue también el laboratorio político de DeSantis. Jolly representa otra posibilidad: un demócrata que intenta recuperar votantes moderados apelando incluso a su pasado republicano. Y Nixon ofrece una tercera pista, desde el otro lado del espectro: una base demócrata que no necesariamente quiere moderarse para ganar, sino que puede estar dispuesta a apostar por una agenda más progresista.

Alaska añade otra pieza al rompecabezas. La contienda por el Senado enfrentará al republicano Dan Sullivan con la demócrata Mary Peltola bajo un sistema de voto preferencial que hace particularmente difícil trasladar las preferencias de las primarias a una predicción sencilla sobre noviembre. Para los demócratas, es además una de las oportunidades que ven para intentar arrebatar un escaño republicano.

Todavía falta mucho para las elecciones de noviembre y sería prematuro convertir estas primarias en un pronóstico nacional. Pero sí dejan una primera advertencia: Trump sigue siendo el centro de gravedad del Partido Republicano, pero el trumpismo ya no basta para explicar todos sus resultados.

Y enfrente, los demócratas siguen debatiéndose entre recuperar al votante moderado y movilizar a una base que quiere una oposición más combativa. Luego entonces las primarias no están prediciendo quién ganará en noviembre. Están mostrando qué clase de partidos llegarán a esa elección.

Los elogios a Omar

Este martes, en el arranque de la 40 Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC) que tiene por sede Buenos Aires, Terrance Cole, director de la DEA, presentó a Omar García Harfuch como “un socio de confianza y un buen amigo de Estados Unidos”, destacó sus casi 20 años de servicio público “para proteger al pueblo de México”, su comprensión de la amenaza que representan las organizaciones criminales, entre otras cualidades, sin faltar la referencia al atentado del que fue objeto en 2020, y agradeció “su liderazgo, su amistad y su colaboración”.

Para más, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, abrió la sesión de oradores del encuentro de altos funcionarios de seguridad de más de 100 países. El mensaje tuvo dos destinatarios.

Los inmediatos, pues los elogios de Cole hacia García Harfuch se dan en un evento internacional en donde se congregaron los países que se han sumado al Escudo de las Américas, del cual México no es integrante y en el que pareciera requisito la afinidad ideológica hacia la derecha, incluida Argentina, el país coanfitrión con Estados Unidos. Para ellos, las palabras del titular de la DEA fueron un aval de que Harfuch, no México, es “de los nuestros”.

Los otros destinatarios fuimos los mexicanos, empezando por la clase política. Entre los desvisados, acusados formalmente, sospechosos y aludidos, Estados Unidos identificó a uno que no tiene que preocuparse porque le quiten la visa. Abordada al respecto, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que lo dicho por Cole muestra su doble discurso, al elogiar a García Harfuch y al mismo tiempo acusar al gobierno de vínculos con las organizaciones criminales.

La realidad es que no hay dobles discursos. En Argentina, Terry Cole fue muy claro en referirse a la persona de Omar García, no al gobierno. En tal caso, el doble discurso sería del secretario de Seguridad, quien ha dicho que Rubén Rocha Moya no se le ha detectado “conducta ilícita”.

Los elogios a García Harfuch son parte del guion de lo que la presidenta denomina la campaña de un sector de la derecha del gobierno de Trump -no de Trump-, en el que se ve la intención de ir en contra de los narcopolíticos y los no afines para fracturar y debilitar a Morena de cara a las elecciones de 2027, pero también en la conciencia de que no hay una oposición fuerte, perfilar un presidenciable afín dentro del partido gobernante, o que encabece la fractura.

Pareciera fácil, pero no lo es. Muchos, empezando por el propio Harfuch, creyeron que sería jefe de Gobierno de la CDMX. Le alcanzó para que su jefa lo llevara a su gabinete federal y le permitiera hacerse cargo de la política de seguridad. Ahora, a pesar de la lejanía los mismos lo ven como seguro presidenciable o, como plan B, nuevamente la Ciudad de México.

La realidad es que ni uno ni otro lo van a dejar pasar los morenistas, aunque traiga la bendición de Estados Unidos e incluso eso como una razón más para no permitirlo, y tampoco García Harfuch tiene el peso político como para generar un desprendimiento significativo en la estructura morenista.

Arrendamiento y la formalización de autos seminuevos

El mercado automotriz mexicano atraviesa una etapa de transformación donde la tecnología, los nuevos esquemas de financiamiento y la necesidad de mayor certeza en las transacciones están redefiniendo la manera en que empresas y consumidores adquieren vehículos.

Rodrigo de la Piedra, CEO de Wahu, la autotech que está digitalizando el sector de autos seminuevos, busca consolidarse como la plataforma enfocada no solo en la compraventa de autos seminuevos, sino en construir soluciones financieras más flexibles. La compañía tiene como objetivo acelerar el crecimiento del arrendamiento, un segmento con amplio potencial, especialmente entre corporativos de todos tamaños.

La estrategia de Wahu es clara: resolver los principales retos que enfrentan las empresas al gestionar su flotilla vehicular, los procesos administrativos asociados a la propiedad de unidades y la necesidad de acceder a mejores automóviles sin comprometer grandes inversiones iniciales.

Con esta visión, impulsa esquemas como Zero Leasing, un modelo de arrendamiento dirigido a empleados que les permite acceder a un vehículo sin enganche y con mayor flexibilidad, una alternativa especialmente relevante para jóvenes profesionistas que aún no cuentan con suficiente historial financiero o capacidad de ahorro para adquirir un automóvil mediante los modelos tradicionales.

Los objetivos de crecimiento de Wahu a largo plazo son ambiciosos: fortalecer un portafolio de arrendamiento que alcance los mil millones de pesos, mantener un crecimiento sostenido de 20 mil millones de pesos en ventas de vehículos y prepararse para acceder, eventualmente, a mercados públicos de deuda y nuevas fuentes de inversión institucional.

La compañía también contempla una expansión hacia ciudades como Monterrey y Guadalajara, donde existe una creciente demanda de soluciones locales. Además, Rodrigo de la Piedra considera que el futuro del mercado de autos seminuevos certificados estará marcado por una mayor formalización, con consumidores y empresas que buscan transacciones más seguras y transparentes; una tendencia en la que Wahu está desempeñando un papel relevante al combinar tecnología, datos y servicios financieros para transformar la experiencia de movilidad en México.

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