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La vooz empresarial en la economía global

por Mundo Ejecutivo
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Por Jaleyna de la Peña Molina Presidenta de la Comisión de Integridad y Anticorrupción de COPARMEX, y Vice Chair del Comité de Integridad y Anticorrupción de Business at OECD

Vivimos en un entorno donde las decisiones que afectan a las empresas ya no se toman únicamente a nivel nacional. Temas como la inteligencia artificial, la integridad, el comercio internacional, la debida diligencia, la sostenibilidad o la economía digital se discuten cada vez más en espacios multilaterales que terminan influyendo en las políticas públicas, los mercados y las cadenas globales de valor. Sin embargo, con frecuencia el sector empresarial conoce esas reglas cuando ya han sido aprobadas y el reto parece reducirse a adaptarse a ellas. Pero existe otra posibilidad: participar desde el momento en que esas reglas comienzan a construirse.

Ese es, precisamente, el papel de Business at OECD (BIAC), la voz institucional del sector empresarial ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). A través de una red integrada por 47 organizaciones empresariales de los 38 países miembros de la Organización, que representan a más de 10 millones de empresas, BIAC contribuye a la elaboración de recomendaciones sobre comercio, inversión, gobernanza, innovación, competencia, integridad, economía digital y muchos otros temas que inciden directamente en el entorno de negocios.

Su valor no radica únicamente en participar en reuniones internacionales. Lo verdaderamente relevante es que permite incorporar la experiencia de quienes invierten, generan empleo y enfrentan diariamente los desafíos del mercado para construir políticas públicas más eficaces, equilibradas y viables. Cuando la regulación escucha a las empresas, los estándares no se debilitan; por el contrario, aumentan las posibilidades de que sean realmente efectivos y generen mejores resultados.

Para México, esta participación adquiere una importancia particular. Nuestro país se encuentra en un momento decisivo para consolidar su competitividad, atraer inversión y aprovechar las oportunidades del nearshoring. Al mismo tiempo, enfrenta nuevas exigencias internacionales en materia de integridad, cumplimiento normativo, sostenibilidad y derechos humanos. Comprender hacia dónde evolucionan estas agendas ya no es un asunto reservado para especialistas; se ha convertido en un elemento estratégico para cualquier empresa que aspire a crecer y competir en los mercados internacionales.

Por ello, resulta fundamental que las empresas mexicanas no sean únicamente receptoras de estándares globales, sino también participantes en las conversaciones que les dan origen. A través de COPARMEX, organización afiliada a Business at OECD, el sector empresarial mexicano cuenta con un canal institucional para aportar propuestas, compartir experiencias y acercar las mejores prácticas internacionales a nuestras empresas, particularmente a las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs), que constituyen la mayor parte del tejido productivo nacional.

Con frecuencia se afirma que la competitividad depende de la innovación, la productividad o el talento. Todo ello es cierto. Pero también depende de que existan reglas claras, instituciones sólidas y espacios donde la voz de las empresas contribuya a construir mejores políticas públicas. En un mundo cada vez más interconectado, participar en esas conversaciones ha dejado de ser un privilegio. Hoy es una condición para anticipar cambios, generar certidumbre y fortalecer la posición de México en la economía global.

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