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Cuidar: un trabajo invisible, y en general, no remunerado

por Mundo Ejecutivo
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Por Mónica Flores Barragán, Secretaria General de COPARMEX y Presidente de ManpowerGroup para Latinoamérica

Hablar de inclusión sin reconocer la labor de cuidar es una conversación incompleta, pues no podemos aspirar a ser más competitivos sin atender antes las condiciones que limitan la participación plena de las personas —especialmente de las mujeres— en el mundo del trabajo.

Durante años hemos analizado la brecha de género desde múltiples ángulos, pero hay un factor que sigue siendo el gran pendiente: el sistema de cuidados.

De acuerdo con el IMCO (Instituto Mexicano de la Competitividad) 9 de cada 10 personas que abandonan el mercado laboral para realizar tareas de cuidados, son mujeres.

Millones de ellas ven limitada su trayectoria profesional, no por falta de ambición, talento o preparación, sino por la carga invisible de atender a otros: hijos, adultos mayores, personas enfermas y/o con discapacidad.

Cuidar no es un asunto privado ni exclusivamente del ámbito familiar. Es un tema económico, de productividad y de competitividad. Cuando una mujer se ve obligada a elegir entre trabajar y atender a otros, no solo pierde ella, perdemos todos: pierde la empresa, pierde la economía y pierde el país. 

En México, esta labor está rodeada de estereotipos pues se considera una responsabilidad “natural” de las mujeres y no se reconoce como un esfuerzo que genera valor social y económico. Esto invisibiliza el tiempo, el desgaste físico y la carga emocional que implica y perpetúa la desigualdad de género en el acceso al empleo, el ingreso y el tiempo propio.

Cuando se exige el regreso de tiempo completo a las oficinas, las mujeres presentan una rotación casi tres veces mayor que la de los hombres porque el sistema sigue descansando desproporcionadamente en ellas. Las mexicanas dedican más de cinco horas diarias a trabajo no remunerado, casi el doble que los hombres (ENUT 2024, INEGI). Esta realidad nos obliga a repensar cómo diseñamos el trabajo y a asumirlo de manera corresponsable.

El sector privado tiene la capacidad de ser un agente de cambio. Cuando generamos culturas organizacionales basadas en la confianza, en los resultados y no en la presencia, y reconocemos el valor del cuidado, construimos organizaciones más humanas y productivas.

Hay mucho por hacer, pongo algunos ejemplos: 

  • Flexibilidad de horarios, esquemas híbridos, jornadas parciales, días personales
  • Programas de coaching y sponsorship que permitan enfocar, transitar y encontrar soluciones
  • Licencias obligatorias de paternidad
  • Ecosistemas de apoyo dentro de la organización
  • Culturas organizacionales empáticas

No son concesiones, son estrategias de retención de talento. Y no se trata solo de beneficios empresariales o políticas públicas. Se trata de cambiar la narrativa, porque mientras las labores de asistencia y acompañamiento sigan teniendo nombre de mujer, la brecha de género permanecerá abierta. 

Necesitamos avanzar hacia un modelo de corresponsabilidad. Esto implica que el cuidado deje de ser visto como un asunto femenino y privado y se convierta en algo compartido entre géneros, empresas, gobiernos y sociedad.

Más que justicia social, es un tema de competitividad. Las empresas que no entiendan esto se quedarán atrás. Especialmente cuando sabemos que el 72% de los empleadores en el mundo tiene problemas para cubrir sus vacantes, en México, el 67% (Estudio de Escasez de Talento 2026, ManpowerGroup).

El reto no es que las mujeres se adapten al sistema, sino que el sistema evolucione con ellas y sus necesidades. La transformación del mundo laboral nos obliga a replantear prioridades. Si aspiramos a construir sociedades y organizaciones más resilientes, innovadoras y sostenibles, es indispensable integrar las labores de atención como un eje estratégico. Reconocer, valorar y redistribuir estas responsabilidades constituye uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo, pero también una de sus principales oportunidades. #OpiniónCoparmex

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