Por Guillermo Rafael Santiago Rodríguez
Durante muchos años hemos hablado de Chiapas como un estado de enorme potencial. Tenemos recursos naturales, una población joven, diversidad cultural, una ubicación estratégica y una frontera que nos conecta directamente con Centroamérica. Pero potencial no es lo mismo que desarrollo.
La pregunta que tenemos que hacernos ahora es cómo convertir esas ventajas en oportunidades concretas para las personas y en condiciones de competitividad para el estado.
Esa es una discusión que me interesa particularmente porque crecí políticamente en Chiapas y he tenido la oportunidad de conocer sus necesidades desde distintos espacios: primero como joven que participaba en la construcción de Morena, después como diputado federal, más tarde desde el Instituto Mexicano de la Juventud y nuevamente desde la Cámara de Diputados.
La conclusión a la que he llegado es sencilla: Chiapas no necesita que sigamos describiendo su potencial. Necesita que construyamos las condiciones para aprovecharlo.
Eso empieza por las personas.
Tenemos una generación de jóvenes que no quiere que su futuro dependa necesariamente de migrar a otra ciudad o incluso a otro país. Quiere estudiar, trabajar, emprender y desarrollar proyectos desde sus comunidades. Para conseguirlo necesitamos mucho más que programas sociales. Necesitamos educación, conectividad, capacitación, infraestructura y acceso a nuevas tecnologías.
La revolución tecnológica puede convertirse en una oportunidad enorme para Chiapas si decidimos prepararnos desde ahora.
Por eso he impulsado desde el Congreso una discusión que considero fundamental: los derechos digitales y el impacto de la inteligencia artificial.
Puede parecer que hablar de inteligencia artificial tiene poco que ver con los problemas cotidianos de Chiapas. En realidad, tiene mucho que ver con nuestro futuro económico.
La inteligencia artificial va a modificar la manera en que producimos, estudiamos, trabajamos y prestamos servicios. Las empresas que sepan aprovecharla tendrán ventajas importantes y los trabajadores que desarrollen nuevas habilidades tendrán mayores oportunidades.
La pregunta es si nuestros jóvenes estarán preparados para participar en esa economía o si volveremos a llegar tarde a otra transformación tecnológica.
Yo quiero que Chiapas esté del lado de quienes crean, innovan y producen.
Eso requiere una visión distinta del desarrollo.
No podemos seguir pensando que la única manera de generar bienestar es esperar que todos los proyectos lleguen desde fuera. Necesitamos fortalecer el talento local, facilitar que los jóvenes emprendan, conectar a nuestros productores con nuevos mercados y aprovechar nuestra posición geográfica.
La cercanía con Centroamérica es una ventaja que todavía podemos desarrollar mucho más.
Chiapas puede ser un puente comercial, logístico y cultural entre México y Centroamérica. Pero para que esa posición geográfica se convierta en una ventaja económica necesitamos infraestructura y servicios públicos capaces de acompañar ese crecimiento.
También necesitamos ciudades que funcionen.
Desde mi responsabilidad como diputado por Tuxtla Gutiérrez he podido comprobar que la competitividad comienza muchas veces con asuntos que parecen pequeños: calles en buenas condiciones, servicios eficientes, movilidad, conectividad y espacios públicos adecuados.
Una empresa no puede ser competitiva si la ciudad donde trabaja no lo es.
Un joven no puede aprovechar una oportunidad si no tiene conectividad.
Un emprendedor no puede crecer si no encuentra condiciones para formalizar y desarrollar su negocio.
Por eso creo que la política pública tiene que dejar de pensar cada problema por separado.
Educación, infraestructura, tecnología, empleo y servicios públicos forman parte de una misma conversación: la capacidad de un territorio para generar oportunidades.
Ahí también está el papel de Morena en esta etapa.
La transformación que impulsamos no puede medirse únicamente por las reformas aprobadas o por los programas implementados. También debe medirse por nuestra capacidad para construir estados más productivos, ciudades más funcionales y jóvenes con mayores posibilidades de desarrollo.
Chiapas tiene que ser protagonista de esa transformación.
Y para eso necesitamos cambiar incluso la narrativa con la que hablamos del estado.
Chiapas no es solamente pobreza.
No es solamente rezago.
No es solamente una frontera.
Chiapas también es talento, biodiversidad, cultura, turismo, producción agropecuaria, energía, juventud y una posición estratégica frente a Centroamérica.
Tenemos que dejar de mirar esas características como una lista de posibilidades y comenzar a convertirlas en proyectos.
Desde el Congreso, mi responsabilidad es contribuir a que existan mejores condiciones legales e institucionales para hacerlo. Desde el territorio, es escuchar qué necesitan las comunidades y las ciudades. Y desde Morena, creo que tenemos que mantener una política que no pierda el contacto con la gente mientras construimos las condiciones para que esa gente pueda desarrollar su propio proyecto de vida.
Ese equilibrio es fundamental.
El gobierno puede generar condiciones, pero no puede sustituir a la sociedad.
Puede construir infraestructura, pero necesita empresarios que inviertan.
Puede ampliar oportunidades educativas, pero necesita jóvenes que quieran aprovecharlas.
Puede impulsar tecnología, pero necesita comunidades preparadas para utilizarla.
El verdadero desarrollo ocurre cuando todas esas piezas comienzan a funcionar juntas.
Por eso creo que el siguiente gran desafío para Chiapas es pasar de hablar de potencial a hablar de competitividad.
Que un joven pueda quedarse porque encontró una oportunidad.
Que una empresa encuentre talento y condiciones para invertir.
Que un productor pueda acceder a mercados más grandes.
Que una comunidad tenga conectividad.
Que una ciudad pueda recibir inversión porque cuenta con infraestructura.
Que nuestra frontera con Centroamérica deje de ser únicamente una línea en el mapa y se convierta en una plataforma de intercambio y crecimiento.
Ese es el Chiapas que tenemos que empezar a construir.
Yo sigo creyendo en la política que aprendí cuando era joven: caminar, escuchar y regresar con resultados.
Pero hoy esa política tiene que mirar mucho más lejos.
Tenemos que pensar en las próximas generaciones, no solamente en la próxima elección.
Porque si hacemos bien nuestro trabajo, el resultado no será solamente una mejor administración pública.
Será algo mucho más importante:
que un joven de Chiapas pueda mirar hacia el futuro y encontrar ahí una oportunidad, sin tener que irse de su tierra para buscarla.